El
Mercurio en el ambiente
El mercurio es un metal pesado que se encuentra en la naturaleza. A temperatura y presión ambientes, es un líquido blanco plateado que se evapora rápidamente.
Cuando se lo libera a la atmósfera puede permanecer
en ella hasta un año y puede transportarse y depositarse
en cualquier parte del planeta. Es en este entorno en el que
se forman los compuestos orgánicos e inorgánicos
del mercurio.
Desde los albores de la era industrial, la cantidad total
de mercurio que circula por la atmósfera terrestre,
así como sus suelos, lagos, ríos y océanos,
se ha multiplicado por un factor que oscila entre 2 y 4.2.
Este aumento, a su vez, se vio multiplicado por la actividad
del hombre quien se dedicó a la extracción del
mercurio de fuentes subterráneas a través de
la minería y de la explotación de combustibles
fósiles.
La exposición humana al mercurio puede provenir de distintas fuentes, como el consumo de pescado rico en metil-mercurio y los derrames o escapes del mismo metal en estado elemental; y la lista continúa.
A nivel mundial, el mercurio es responsable de una serie de
efectos adversos significativos tanto para la salud humana
como para el ambiente. Los vapores de mercurio, de ser inhalados,
pueden causar la muerte. A su vez, puede causar lesiones de
absorberse a través de la piel ya sea por exposición
directa al líquido o por sus vapores.
Los hospitales, desde Manila hasta Ciudad de México, notifican periódicos y frecuentes casos de rotura de termómetros, exponiendo en forma continua a su personal y a los pacientes al metal. Los vapores de mercurio que se liberan en estos accidentes producen daño pulmonar inmediato y potencialmente fatal en altas dosis. En menores dosis lesionan los riñones y los sistemas nervioso, digestivo, respiratorio e inmunológico.
Es todavía más preocupante el hecho de que la toxicidad causada por el metil-mercurio se puede manifestar a niveles infinitamente bajos. El mercurio se acumula en los sedimentos que se encuentran en lagos, ríos, océanos y otros cursos hídricos, donde se convierte en metil-mercurio, sustancia que se puede acumular en el tejido de los peces.
La contaminación con metil-mercurio tiene alcance mundial
con nefastas consecuencias en la salud y en el ambiente. Su
presencia es generalizada en océanos y lagos, acumulándose
en las especies ictícolas predadoras en la parte superior
de la cadena trófica acuática así como
en los mariscos en todo el mundo. Los niveles de mercurio
en estos peces pueden ser millones de veces más elevados
que los niveles en el agua circundante.
El metil-mercurio es especialmente preocupante con relación a los fetos, lactantes y niños porque impide su desarrollo neurológico. Cuando una mujer consume pescados o mariscos que contienen mercurio, éste se acumula en sus tejidos y tarda varios años en excretarse. Si durante este período queda embarazada, su feto estará expuesto al metil-mercurio dentro del útero, lo que puede afectar negativamente el crecimiento de su cerebro y sistema nervioso.
Se ha comprobado en niños expuestos a bajos niveles de metil-mercurio en el útero alteraciones en el pensamiento cognitivo, la memoria, la atención, el lenguaje y las habilidades motrices finas y espacio-visuales.
El Programa de las Naciones
Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Organización
Mundial de la Salud (OMS) han identificado estos efectos
adversos de la contaminación con mercurio como un grave
problema mundial para la salud humana y para el ambiente.
Es por esto que el Consejo de Administración del PNUMA se ha propuesto como meta prioritaria reducir la acumulación de metil-mercurio en todo el mundo.

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